Algunas reflexiones sobre género y política

  • ¿A quién vota la mujer de un presidente de una nación?
  • ¿Es ella quien elige libremente? ¿Es él quien introduce su papeleta (de él) en su sobre (de ella) durante la noche de la jornada de reflexión?
  • ¿O llegan a un acuerdo consensuado tras analizar juntos las diferentes opciones políticas?
  • ¿Votará con la cabeza, con el corazón, con el aparato genital?
  • ¿Influirán los problemas domésticos en el voto de una mujer de un presidente de una nación?
  • ¿Hay un diálogo fluido y sin prejuicios políticos entre ellos? Es decir, si ella cree que el partido de su marido no debe regir su país, ¿le dirá abiertamente a su marido que no piensa votarle?
  • ¿Sería capaz de no votarle aunque él la amenazara?
  • ¿Puede tener la mujer de un presidente un escandaloso pasado (político)?
  • ¿O es mejor que sea virgen de cargos representativos?
  • ¿Un matrimonio mixto (políticamente) tiene menos posibilidades de ascender al trono presidencial?
  • ¿Son posesivos los presidentes de las naciones respecto al voto de sus mujeres?
  • ¿Ellas votan de verdad o sólo posan?
  • ¿Debe conjuntarse la mujer del presidente la sombra de ojos con los colores de la corbata de su marido en los actos oficiales?

Dragón

Todos los hombres que visitan esta casa más de un par de noches seguidas quieren quitar el mueble del pasillo. Tienen una fijación con la bestia oscura que nos limita el paso entre la cocina, el baño y el salón. Al principio todos proponen la misma idea-objeto: hacha. Los que perseveran (en seguir entrando en casa) refinan un poco la violencia del método: desencolar, serrar, desencajar. Hubo quién, tras acechar al monstruo día tras día, descubrió que estaba hecho (con 60 años de adelanto) igual que los de IKEA, y ducho en la materia, se ofreció en cuerpo y alma para acabar con él en los tres días mágicos (viernes-sábado-domingo) de que gozan los mortales para las tareas sobrehumanas. Prometió que así la luz llegaría a este reino.
El dragón sigue en el pasillo.
El pasillo sigue en la oscuridad.
La oscuridad sigue en una de las habitaciones porque el caballero se rindió, dejó de luchar con el dragón y, con ello, de entrar en la casa.
En su huida perdió, además de nuestra admiración, la clave para matar al animal. Pero aún no nos hemos puesto manos a la obra, por si acaso no vuelven hombres a esta casa cuando ya no tengan ninguna bestia que aniquilar.