El eterno navideño

No nos gusta la Navidad, como a todo el mundo.

Por eso estas fechas son especialmente crueles con nosotros. Tenemos que ir a las cenas de empresa y aceptar a regañadientes la cesta de lomos y cachivaches. Cada vez que ponemos el pie en cualquier establecimiento de cualquier ramo acabamos con tres participaciones de imprenta del número aversitocaesteaño. Sin contar la lotería del instituto que se costea el viaje a Roma. Ni la de los primos de Granollers que la envían por correo.

Hay que comer con padres y suegros —es que a a los viejos les hace mucha ilusión— y colocar arbolitos llenos de bolas y belenes llenos de figuritas —es que a los niños les hace mucha ilusión— pensando que la única figura por la que sentimos alguna simpatía conceptual es el caganet. La iluminación municipal al lado del dormitorio no nos deja dormir, y los restos de embalaje en las calles del centro no nos dejan aparcar. Pero lo de tener que aceptar la humillante paga de navidad ya nos mermó el orgullo unos días antes.

Los que no nos gusta la navidad nos vemos sólos y desamparados en estas fechas, porque siempre nos rodean amantes de las tradiciones que hacen naufragar nuestros austeros propósitos. Y nos consta que somos legión, pero somos tan desafortunados que a todos nos ocurre lo mismo año tras año tras año.

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Creditos de las páginas Christmas: snowflake, por BohemianCoast. Christmas tree, por fuzuoko.

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Advertencia: este blog no comparte necesariamente la opinión de su autora.

Pura coincidencia

Las doctrinas sectarias más eficaces son, en palabras de Eric Hoifer, «aquellas que son inverificables y no evaluables». Pueden ser tan intrincadas que se necesitaría años de esfuerzos para ponerlas en claro. (Pero, desde luego, no hay tiempo disponible, porque para entonces los novicios ya han dejado de estudiar la doctrina y han sido destinados a fines más prácticos, como salir a recaudar fondos y reclutar adeptos.) La doctrina debe ser aceptada, no comprendida. Así pues, la doctrina debe ser vaga y global, a la vez que lo bastante simétrica como para que parezca congruente. Su poder proviene de afirmar que hay una sola y única verdad que lo abarca todo.

Cualquier parecido con la realidad de la práctica política es pura coincidencia.

Undisclosed recipient

María se acostó una noche con M. (de monsieur) H y acabó en Berlín cuatro meses después. El hacía recopilaciones de cintas que luego llamaba «La salchicha feliz» y hablaba en un tono increíblemente bajo y lentísmo. Nunca le oímos hablar en alemán. Tampoco nos dijo su nombre verdadero.

 

Ya había publicado dos novelas cuando llegó allí. Algo más que tampoco dijo.

 

Ella no tenía el más mínimo interés en las historias, pero quería hacer cine. Era cuestión de tiempo y esfuerzo no alcanzar la meta. Y no la alcanzó.

 

Nunca he movido un dedo por encontrarla, a pesar de que me dejó tres direcciones escritas en el reverso del envoltorio dorado de un paquete de Fortuna. Aunque si tuviera que describirlo de alguna forma, diría que he estado buscándola siempre. Esa ha sido al menos la sensación.

 

¿Por qué? Quizás porque me enseñó a Pina Bausch.

 

No. No me interesa la danza y quizás menos la videodanza. Creo que tiene más que ver con los cigarrillos, los carretes caducados y Darío Argento.

 

Hoy la he encontrado en el correo (undisclosed recipient).
1245 xyzStrasse
Berlin

 

No sé si responder o seguir buscándola.

Por los suelos

alfombra

Buscando fábricas de alfombras contacté con un comercial de Rabat que me hizo la mejor oferta. De verdad, las alfombras fueron fabricadas en Marruecos. El título del proyecto y de las alfombras es literal. Hay otras tramas además de la que teje la lana; y una consiste en que los países más ricos ponen cortapisas a la entrada de inmigrantes de países menos ricos. Sin embargo, los habitantes de los primeros nos aprovechamos de los precios competitivos que la mano de obra barata de los segundos nos ofrece. Por eso la frase MADE IN MOROCCO se lee en las etiquetas de ropa y calzado de prestigiosas marcas españolas.

 

Paco Polán. Made in Morocco

¿Siguen siendo alfombras?