El Desencanto americano

be.jpgGrey Gardens es una historia rodada à la cinema verité por los hermanos Maysles en 1976. Dos mujeres viven aisladas en una impresionante casa de campo de 14 habitaciones en estado ruinoso. No se trata precisamente de una película de “denuncia social”, o quizás sí. Las dos mujeres se pasan el film leyendo en la cama, vistiéndose, desvistiéndose, y propinándose unos ataques verbales más bien psiquiátricos. Su mundo no es nuestro mundo, ni antes de la enfermedad ni en la estrafalaria decadencia en la que se instalan sin que lleguemos a saber del todo por qué.

Madre e hija, Edith Bouvier Beales y Edith Bouvier Beales Jr. eran, respectivamente, tía y prima hermana de Jacqueline Bouvier (después Kennedy, después Onassis). En el verano de 1972, Jacqueline y su hermana financiaron la reforma de la casa para evitar su posible expropiación o demolición. Cuatro años más tarde, cuando Albert y David Maysles llevaron su equipo de grabación hasta las dunas grisáceas de East Hamptons, la casa había vuelto a su estado anterior.

Hoy la historia de Little Edie y Big Edie se ha convertido en un musical y en un puñado de recurrentes editoriales de moda.

(via Kingdom of Style)

Érase

El diez de marzo el Elegido ocupará el antiguo castillo de Mönkløvva. Tras unos días de retiro, ayuno y meditación, el Elegido llamará a los más sabios del Reino, que acudirán desde las montañas más frías y las islas más lejanas, desde las ciudades más prósperas y los andurriales más ásperos. Una vez reunidos, El Elegido repartirá los Misterios que considere necesarios entre los sabios peregrinos: el Misterio de la Cultura, el Misterio de la Ciencia, el Misterio de la Economía o el Misterio de la Vivienda.

Tienen cuatro años para desentrañarlos.

Microblogging

Mi ombligo, sin duda, es el más hermoso. Aunque una persona seria y con aspiraciones como yo no debería admitirlo. Mi ombligo, más bien, es interesante. Sus pliegues me ofrecen sutiles y sugerentes contrastes de color, sombra y textura, y no alcanzo a ver el final, lo que me promete horas y horas de improductivo enmimismamiento junto a mis pares.  

(hoy podemos exhibirnos un poco más y conocernos un poco menos) 

Jarmusch

Jarmusch estará dentro de poco rodando bajo las Torres Blancas. Nunca llegaremos a cruzarnos.

Los ventanales del último piso muestran, permanentemente, una luz verdosa durante toda la noche.

Jarmusch tiene un incomprensible parecido con algún hijo de la Duquesa de Alba, pero Bill Murray no es Scarlett Johanson. Durante unos días se amontonarán los camiones de utillaje y los generadores para el equipo bajo el hormigón recubierto de franjas de hollín.

Algunas noches he visto como desaparecían todas las ventanas iluminadas a lo largo de las horas.

No habrá demasiados curiosos. Algunos fotógrafos amablemente invitados por la film comission o la productora que huirán de la sombra proyectada por los racimos de balcones en cuanto disparen.

Menos el destello verdoso que envuelve la semicircunferencia.

Imagino a Murray entrando en el hall de techos plagados de globos de cerámica como un James Bond descascarillado que vuelve de AA.

Me sentía entonces vigilada por una torre desfasada o secreta.

Se llamará “Los límites del control”.

En otra ocasión dije que se alzaba como la promesa de un futuro que ya ha pasado. Ahora me gustaría decir que era una futuro ya perdido antes de llegar.

Su constructor también quería romper los límites de la forma.