Hipótesis de trabajo III

Renunciaremos a la teoría expresa y explícita.

(Dios creó al Teórico, y la selección natural hizo al Crítico)

Y practicaremos lo contrario en el poema.

Hipótesis de trabajo III

Renunciaremos a la teoría expresa y explícita.

(Dios creó al Teórico, y la selección natural hizo al Crítico)

Y practicaremos lo contrario en el poema.

Sunny sixteen

Los (no demasiados) turistas de entonces se aprendían la regla del 16 como antes habían hecho con los diez mandamientos. Cargaban con pequeñas (entonces) cámaras sin fotómetro que era necesario ajustar en cada toma. Primero la distancia girando el anillo exterior hasta que la marca de telémetro encajaba perfectamente en los contornos de la imagen. Después las fracciones de segundo que permanecerían abiertas las cortinillas. Por último el misterioso número f, arcano de la profundidad de campo.

Así una y otra vez, cada vez que cambiaba la escena.

Sol playa, sol ciudad.

Sombra campo.

Bosque.

Interior.

Después quedaban un puñado de imágenes quemadas de donde salían edificios a punto de desaparecer en un destello blanco o rostros escorzados bajo la sombra de un cañizo. Además de catedrales, burritos, puentes sobre ríos, aldeanas y otros puntos de interés convenientemente recogidos en un duro blanco y negro que religiosamente aparecerían durante todo el año en fiestas de guardar y pasaban de mano en mano en las ceremonias familiares. A veces se incluían en las herencias.

La experiencia a día de hoy es exasperante. Abrir la funda, enfocar, determinar la distancia, dar uno o dos pasos adelante o atrás, volver a girar el primer anillo hasta que coincidan las marcas del telémetro y caer en la cuenta de que no tenemos un número f para circunstancial sombra en campo ciudad.

Sunny sixteen

Los (no demasiados) turistas de entonces se aprendían la regla del 16 como antes habían hecho con los diez mandamientos. Cargaban con pequeñas (entonces) cámaras sin fotómetro que era necesario ajustar en cada toma. Primero la distancia girando el anillo exterior hasta que la marca de telémetro encajaba perfectamente en los contornos de la imagen. Después las fracciones de segundo que permanecerían abiertas las cortinillas. Por último el misterioso número f, arcano de la profundidad de campo.

Así una y otra vez, cada vez que cambiaba la escena.

Sol playa, sol ciudad.

Sombra campo.

Bosque.

Interior.

Después quedaban un puñado de imágenes quemadas de donde salían edificios a punto de desaparecer en un destello blanco o rostros escorzados bajo la sombra de un cañizo. Además de catedrales, burritos, puentes sobre ríos, aldeanas y otros puntos de interés convenientemente recogidos en un duro blanco y negro que religiosamente aparecerían durante todo el año en fiestas de guardar y pasaban de mano en mano en las ceremonias familiares. A veces se incluían en las herencias.

La experiencia a día de hoy es exasperante. Abrir la funda, enfocar, determinar la distancia, dar uno o dos pasos adelante o atrás, volver a girar el primer anillo hasta que coincidan las marcas del telémetro y caer en la cuenta de que no tenemos un número f para circunstancial sombra en campo ciudad.

Tindersticks

Stuart A. Staples

Entonces podía pasar días y días dando la vuelta una y otra vez a la misma cinta, sin agotarme, creyendo comprender sólo porque adivinaba alguna frase suelta entre el ceceo de Stuart Staples. Aún era adolescente y las historias de parejas rotas que compartían habitaciones alquiladas en las afueras de ciudades del norte (el norte sólo era un lugar genérico donde llueve y hay fábricas) me parecían tan exóticas como las películas de piratas.

(Tú ya los habías visto en la gira del 93)

Entonces también quería ser crítico de música. No podía ser crítica porque la crítica es el objeto que produce el crítico, no el sujeto que critica. Tenía un cuaderno donde apuntaba impresiones arbitrarias, ficticias y absolutamente personales, al estilo de la crítica subjetiva e impresionista que se estilaba en los fanzines de la época.

Pero despareció algo y dejé de grabar cintas y jugar al crítico juvenil. A pesar de todo logré hacerme con su discografía completa.

(También un par de años después)

Hace más de 15 años de todo esto y no sabría decir si ayer hubiera sido mejor no ir a verlos por primera vez y seguir imaginándolos borrachos en clubes recubiertos de terciopelo rojo y viajes transoceánicos como cada vez que escuchaba Ballad of Tindersticks.

Hipótesis de trabajo IV

Los carteles de rebajas, simétricos, brillantes y coordinados con el mobiliario. Y sus tipografías.

La belleza replicada de los maniquíes grises, tersos y sin rostro.

La mística de la masificación, la controlada explosión de los colores del año.

El hilo musical salvaje.

La hiperproducción.

La luz yodada de las farolas. El amarillo bajo consumo.

La poesía no puede ser ajena.