Tindersticks

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2004-2014 / Oído / Uncategorized

Stuart A. Staples

Me pasaron los dos primeros discos grabados en cinta. Una cinta grabada a su vez de otra cinta que yo grabé en otra cinta. Fue en 1993 o 94. Mi radio hacía aún más cenagoso el sonido de las trompetas y las cuerdas desafinadas.
Entonces podía pasar días y días dando la vuelta una y otra vez a la misma cinta, sin agotarme, creyendo comprender sólo porque adivinaba alguna frase suelta entre el ceceo de Stuart Staples. Aún era adolescente y las historias de parejas rotas que compartían habitaciones alquiladas en las afueras de ciudades del norte (el norte sólo era un lugar genérico donde llueve y hay fábricas) me parecían tan exóticas como las películas de piratas.

(Tú ya los habías visto en la gira del 93)

Entonces también quería ser crítico de música. No podía ser crítica porque la crítica es el objeto que produce el crítico, no el sujeto que critica. Tenía un cuaderno donde apuntaba impresiones arbitrarias, ficticias y absolutamente personales, al estilo de la crítica subjetiva e impresionista que se estilaba en los fanzines de la época.

Pero despareció algo y dejé de grabar cintas y jugar al crítico juvenil. A pesar de todo logré hacerme con su discografía completa.

(También un par de años después)

Hace más de 15 años de todo esto y no sabría decir si ayer hubiera sido mejor no ir a verlos por primera vez y seguir imaginándolos borrachos en clubes recubiertos de terciopelo rojo y viajes transoceánicos como cada vez que escuchaba Ballad of Tindersticks.

3 Comments

  1. Ya no tengo cuaderno, pero de haberlo conservado, hubiera dicho que fue algo frío, corto y demasiado profesional en el peor sentido. Stuart Staples sigue conservando exactamente la misma voz, por suerte. Y creo que llegó a pasarlo bien en algún momento ( Dyin’ Slowly, City Sickness, She’s Gone ) justo cuando cerraba los ojos y dejaba de mirarnos.

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