Sunny sixteen

Leave a comment
2004-2014 / Blog / Uncategorized

Los (no demasiados) turistas de entonces se aprendían la regla del 16 como antes habían hecho con los diez mandamientos. Cargaban con pequeñas (entonces) cámaras sin fotómetro que era necesario ajustar en cada toma. Primero la distancia girando el anillo exterior hasta que la marca de telémetro encajaba perfectamente en los contornos de la imagen. Después las fracciones de segundo que permanecerían abiertas las cortinillas. Por último el misterioso número f, arcano de la profundidad de campo.

Así una y otra vez, cada vez que cambiaba la escena.

Sol playa, sol ciudad.

Sombra campo.

Bosque.

Interior.

Después quedaban un puñado de imágenes quemadas de donde salían edificios a punto de desaparecer en un destello blanco o rostros escorzados bajo la sombra de un cañizo. Además de catedrales, burritos, puentes sobre ríos, aldeanas y otros puntos de interés convenientemente recogidos en un duro blanco y negro que religiosamente aparecerían durante todo el año en fiestas de guardar y pasaban de mano en mano en las ceremonias familiares. A veces se incluían en las herencias.

La experiencia a día de hoy es exasperante. Abrir la funda, enfocar, determinar la distancia, dar uno o dos pasos adelante o atrás, volver a girar el primer anillo hasta que coincidan las marcas del telémetro y caer en la cuenta de que no tenemos un número f para circunstancial sombra en campo ciudad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *