Estimado señor:

Le hemos declarado la guerra, pero usted aún no lo sabe y por eso está de nuestra parte.

Ni siquiera nos hace falta enfrentarnos a usted directamente. Ya lucha usted contra los demás a nuestro favor.
Duerma tranquilo. No esconda su dinero bajo los gnomos del jardín ni haga acopio de conservas y harina. No hace falta que renueve su pasaporte por si las moscas. Nuestra ofensiva nunca será primera página.

Y si en algún mal sueño —lo dudamos— intuye lo que ocurre, cuando salga a la calle no sabrá dónde alistarse.