Placeres culpables

     Hay cosas que nos producen un placer secreto y culpable, un deleite de confesionario que llevamos oculto por motivos diversos. Unas veces, porque nos parece de horteras de bolera (como bajar a la playa con los suegros y un bolso nevera), otras, porque tiramos el dinero en aparentar efímeramente el estatus que no tenemos como un wannabe de adosado cualquiera(¿Flores frescas para la casa? Ni que esto fuera la Moncloa), las más, simplemente, porque son una guarrería (disculpen). Todos tenemos listas inmensas, interminables, inabarcables, inaceptables, y buscamos la absolución de nuestros semejantes escondiéndonos por los rincones en barbacoas y cumpleaños.