Mid-life crisis, 30

¿Qué es multitarea?

¿ Y tú me lo preguntas, mientras aprovechas la ducha matinal para quitar el moho de la mampara y enjuagar la ropa interior que has lavado a mano?

Lieu

A los sitios siempre se vuelve por azar.

Para no volver hace falta decisión.

A la inclemencia. loc. adv.

A los pocos años de que se fuera el primero de nosotros, cedió una de las vigas. No fue una sorpresa. Sabíamos que algún día ocurriría porque el daño no era grande pero sí tremendamente insidiosa, pertinaz y terca su causa. Tampoco es que operasen fuerzas desconocidas, ni el destino, ni un mal paso, ni una catástrofe imposible de prever ni la pura maldad que nos mueve a matarnos a bocados. Hay cosas tan comunes que no tienen nombre o los tienen todos. Algo indefinible pero mortal como las inclemencias del tiempo.

Rigor del tiempo, especialmente del frío.


 

Mi abuelo lo construyó a mediados de los años cincuenta del siglo XX.  Un labrador fuerte y ocioso que decidió invertir en una bodega el poco sobrante que le dejaban las cosechas. Nunca sacó dinero de allí, pero sí buen vino para reconfortarse después de los días de caza en invierno.

Compasión, moderación al aplicar justicia. 


 

Mi abuelo no tuvo hijos.

Excesiva y escrupulosa severidad.


 

Ya era un lugar viejo cuando lo conocí. Un gabinete de maravillas que  se sostenía milagrosamente entre el campo abierto, el pueblo y los herederos en quienes se había depositado la custodia desde la fundación de la ciudad. De primogénito en primogénito habían pasado primero los muros de piedra con las ventanas ya bien dispuestas pero tapiadas, esperando convertirse en casa, después el pozo y la humedad de la charca que compró el fundador y por último los aperos de nombres imposibles de recordar y el utillaje de bodeguero rústico arrinconado por falta de varón. Y aún así, todo estaba bien, porque el poco de tierra libre y sin cubrir daba limones, yerbabuena y acelgas, y bajo las vigas de madera se asaba carne en invierno.

Intensidad, vehemencia.


 

Solar urbano de uso industrial con instalaciones en desuso.

Propiedad y precisión.


 

Los objetos desaparecían en nuestra ausencia, como si nos echaran de menos.

Último término a que pueden llegar las cosas.


 

O quizás fueran nuestro reflejo y los espejos son vacío si nadie los mira.

Tiesura o rigidez preternatural de los músculos, tendones y demás tejidos fibrosos, que los hace inflexibles e impide los movimientos del cuerpo.


 

El caso es que cuando decidí con cierta imprecisión no volver, un invierno más lluvioso de lo normal había dejado un rastro grisáceo en las paredes y un buen hueco en el tejado junto a la viga cedida.

Al descubierto, sin abrigo.


 

Nos matará en cualquier momento. Quién sabe cuándo puede caer todo el tejado.

Falta de clemencia.


 

 

(Badajoz, 1954-2014)

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Texto escrito ad-hoc para la colaboración con Anna Katarina Martin en su proyecto “Cobertizos: un lugar de paréntesis”, expuesto en Estudio Aberto en agosto de 2014.

Yo La tengo – Green Arrow

(I Can Hear the Heart Beating as One, 1997)

Los grillos de Green Arrow suenan monótonos, casi sin vida, por debajo de las escobillas. La guitarra resbala lánguida como una noche de julio perezoso a veinte grados. A veces punza un poco más de la cuenta.

Intentamos recordar algo que no es especialmente doloroso ni triste, pero escuece un poco cuando el calor está a punto de atontarnos.

Otra vez.
Una capa tras otra capa van envolviendo los animalitos del fondo. Hay cambios casi imperceptibles al oído. No especialmente dolorosos ni tristes, pero escuecen un poco, cada vez un poco más.

Nos apagamos.

Los grillos siguen ahí.

Vírgenes 2.0

Todas las civilizaciones han sacrificado a sus vírgenes. Arrojadas al agua de cenotes, degolladas a la sombra de árboles centenarios, precipitadas al mar desde el borde de los acantilados. Nosotros las hacemos sagradas al límite de la inanición, las clavamos con las alas extendidas en tableros infinitos y las exponemos a los dioses sin solución de continuidad.

Cada vez tenemos más vírgenes blanquecinas e inertes, pero los dioses no se calman.

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Mid-life crisis, 29

Unas sábanas blancas de buen algodón o lino, recién lavadas y planchadas a la perfección te parecen el súmmum del lujo y esplendor. Tanto, que hasta pagarías por ello.

The Age of Adz

San Sufjan stevens bajó del cielo un día, enviado por el Señor, y aterrizó en Detroit. Se sacudió el polvo del desierto moviendo las alas (all too cute) como un niño consentido y le dio la mano a su padrastro para presentarse.

Después de una visión loca y sagrada, como un Kerouac católico (más católico aún) o practicante, parió un disco loco y sagrado, de esos de amar sin redención posible o mandar directamente a la papelera de reciclaje, que junto a las ferias de muestras, debe de ser lo más parecido al infierno que conocemos en nuestros días.

La era del anuncio. Ahí está todo. Sufjan alfa y omega, coro y autotune, guitarra y sampler, progresivo y cantautor, principio y fin. Loado sea.

Mid-life crisis, 28

Tu madre ya no te dice que hagas la cama por las mañanas ni que dobles la ropa inmediatamente después de recoger la colada. Ahora te repite sin tregua que la vida es demasiado corta como para perderla planchando.