Monstruos 2.0.

De pequeños nos asustaban con el Sacadatos y nos advertían contra el Hombre de las Cookies. Este también nos sangraría a cambio de una golosina envenenada. O quizás fuera el Algoritmo, que en verano recorría las callejuelas sorbiendo la más tierna información privada.

Qué crédulos somos de niños. Ya sabemos que los algoritmos no existen.