¿Cartel o cártel?

Paridad, eclecticismo y atrevimiento en el revolucionario cartel de Primavera Sound 2019

Hace dos días recibí esta ¿carta? en mi correo. Imagino que es porque compré el abono para ir al Primavera Sound hace ya unos meses.

Que en un cartel haya paridad real entre artistas femeninas y masculinos debería ser lo normal.

Coincido. Debería ser lo normal. El feminismo lleva aproximadamente 300 años intentándolo. El Primavera Sound ha tenido 19 años para enmendar este error. No creo que haya sido por falta de artistas femeninas en la historia del pop y del rock.

Que se derriben las fronteras entre géneros y se acaben los compartimentos estancos debería ser lo normal. 

Que haya atrevimiento en todos los escenarios, horarios y propuestas debería ser lo normal.

Para los asistentes habituales, creo que nunca ha sido ningún problema. El público compartimentado y poco abierto de orejas suele ir a otro tipo de festivales. No tiene mucho sentido publicitar en 2018 algo que viene siendo la tónica habitual de la marca Primavera, a no ser que detrás haya alguna otra intención. Respecto al atrevimiento en todos los escenarios, horarios y propuestas, se me ocurren un montón de propuestas que PS aún no ha tenido en cuenta. ¿Qué tal una cuasi diva del pop de calidad de aquí como Zahara en cabeza de cartel, en vez de otra bien avalada por la industria?  ¿O pagar a los artistas emergentes españoles al nivel que los extranjeros? ¿Os atrevéis?

Que se abrace la música de las nuevas generaciones sin olvidar la que nos ha llevado hasta aquí debería ser lo normal.

Lo que os ha llevado hasta aquí es un tipo de música determinado que, no nos engañemos, nunca ha sido mayoritario, por más prestigio intelectual que pueda tener. De hecho, PS nunca habría llegado a ser lo que es sin la afluencia de público extranjero. ¿Cuál es la música de las nuevas generaciones? Porque, al menos yo, cuando comencé a escuchar música, no escuchaba la música de mi generación. Si de verdad queréis tomar el pulso a la nueva generación, vuestro cartel debería ser como el del LOW o el Arenal Sound, que sí está repleto de menores de 30 años.

Disfrazar un cambio de rumbo comercial con el concepto de inclusividad (mujeres, jóvenes y afroamericanos, este último un colectivo, por cierto, poco frecuente en nuestra demografía y sobrerrepresentado aquí) es un poco mezquino y además limitante. ¿Están adecuadamente representados los artistas discapacitados, subsaharianos, gitanos, trans o inmigrantes de segunda y tercera generación?

¿Es el cartel de Primavera Sound 2019 normal? No, pero queremos que lo sea. The New Normal, o la nueva normalidad, es la idea sobre la cual se despliega el universo de la decimonovena edición del festival barcelonés. Del 30 de mayo al 1 de junio de 2019, el Parc del Fòrum de Barcelona será protagonista de una edición excepcional. Un punto de inflexión. Como explica desde un futuro el espectacular anuncio desvelado hace unos minutos desde los estudios de Radio Primavera Sound, esta es la edición en la que todo cambia.

¿Qué tiene de anormal? Es un cartel con artistas, de los cuales un número sospechosamente alto está avalado por la industria discográfica pura y dura mediante cifras de ventas o galardones. No parece muy arriesgado por vuestra parte. El cambio parece estar más en el departamento de marketing y publicidad que en la dinámica del festival.

La paridad en el cartel entre hombres y mujeres, un eclecticismo estilístico que salta a la vista y la pulsión de arriesgarse constantemente para conectar con los nuevos tiempos marcan los ejes del cartel de Primavera Sound 2019. Es la culminación de lo que se venía intuyendo en las últimas ediciones del festival, plasmado de forma definitiva en 226 nombres de los cuales más de un 50% son mujeres, con una diversidad de géneros que va del metal extremo al reguetón pasando por el pop, el hip hop, el jazz, la experimentación electrónica, el trap y el indie rock canónico, y con una evidente apuesta por la renovación de las posiciones más destacadas del cartel.  

Es loable que viente años después, a pesar de haber desperdiciado oportunidades espléndidas de hacer un cartel paritario o de colocar cabezas de cartel exclusivamente femeninas, se haga ahora un cartel paritario. Y uñas loable aún que sea a costa de introducir un grueso de artistas que practican un género con letras más que discutibles y una evidente objetificación y sexualización de la figura femenina en sus productos artísticos. Vale, que sí, que el rock clásico no es más feminista, pero que la mayoría de las letras de los Stones sean denunciables no van a convertir a J Balvin en un paladín del feminismo. Y perdonen que me rían con eso de “apuesta por la renovación de las posiciones más destacadas del cartel”, que suena bastante a eufemismo barato.

Y todo esto sin renunciar a construir, como cada año, un cartel único en el mundo, arriesgado y rotundo, que viene encabezado por los nombres que definirán la temporada musical 2018-2019: el retorno de Solange al festival, consagrada en su última actuación como la diva R&B que el mundo necesitaba; los paladines de la psicodelia pop Tame Impala con un esperadísimo nuevo disco por presentar; Cardi B, encumbrada como la nueva jefa del hip hop estadounidense gracias a un debut arrollador y a un carisma sin límites; el colombiano J Balvin, máximo exponente de la nueva ola de reguetón destinada a cruzar todas las líneas rojas, además de autor de uno de los discos del año, Vibras; Erykah Badu como indiscutible figura clásica moderna del soul; el abanderado del trap estadounidense Future; la estrella Janelle Monáe armada con su pop politizado; un icono del hip hop como Nas; y, en su inexpugnable ascenso a la cima del pop experimental planetario, Rosalía. Completan la parte alta del cartel James Blake como epítome del nuevo creador que conjuga baile y emoción, Interpol de la mano de un nuevo álbum que recupera su mejor versión y la sueca Robyn con su disco de regreso tras ocho años de silencio.

Solange, Erikah Badu, Interpol, Robyn y James Blake no parecen apuestas arriesgadas. ¿Por qué no Camela y su fusión de flamenco y electrónica? Mejor aún, por qué no la reunión de los tres miembros originales de Camela, en vez de Stereolab.  ¿O Pablo Alborán como epítome del nuevo cantautor que conjuga raíces y emoción?

¿Por qué hacer un cartel con paridad ahora? Porque deberíamos haberlo hecho hace mucho tiempo. Porque, revisando nuestros carteles de años anteriores y aun viendo la progresión de las últimas ediciones, había que dar unos cuantos pasos más. Si la mitad de nuestro público es femenino, ¿por qué no puede serlo nuestro cartel? ¿Por qué no puede haber paridad en horarios, estilos y escenarios? No ha sido fácil vencer las inercias heredadas durante tantos años, pero al fin y al cabo, si the future is female, ¿qué sentido tenía esperar? Nosotros empezamos por aquí, acelerando nuestro cambio para hacer un cartel que no debería ser excepcional, que queremos que sea normal. Pero no olvidamos que esto es solo un cartel y solo un festival: lo importante es todo lo demás.

El futuro es femenino ahora, que vende más. Cuando estaba muy mal visto ser feminista el futuro era electrónico o era músicas del mundo. Resulta que por unas genias como Tierra Whack o Kate Tempest hay que sufrir a machitos sobrepagados como Balvin o Yung  Beef. Me gustaría saber si la paridad del cartel ha llegado también al caché. ¿Cobrararán lo mismo las artistas de lo que cobraban sus homólogos masculinos en idéntica posición del cartel? Porque si no es así, está claro que esta edición sale bastante más rentable a costa del trabajo femenino. Vamos, lo que viene ocurriendo en cualquier sector económico, con la diferencia de que nadie tiene la desfachatez de venderlo de conquista feminista.

¿Un cartel para un público más joven? Sí… y no. Hay ídolos de la nueva generación como el enfant terrible Mac DeMarco, la poderosísima FKA twigs, la combativa Courtney Barnett, las representantes del pop con personalidad Carly Rae Jepsen, Christine and the Queens y Charli XCX, la diva R&B de ascendencia colombiana Kali Uchis, el indie rock descarnado de la joven Snail Mail, el desenfreno escénico de Boy Pablo u otra tríada de nombres para el futuro inmediato del pop exquisito como Sigrid, Clairo y Empress Of. Pero también hay sitio, y mucho, para anunciar la deseada reunión de Stereolab (sí, de verdad), una nueva aventura del ínclito Jarvis Cocker, la ansiada primera visita al festival de Guided By Voices, los colosos del punk Jawbreaker, la vuelta de Low con uno de sus mejores trabajos, el inconformismo de Róisín Murphy, el folk sobrio de Kurt Vile & The Violators, los emocionantes Big Red Machine de Justin Vernon y Aaron Dessner (que actuarán en la jornada inaugural gratuita del miércoles) o una retahíla más de nombres que dejan claro que el amor por los 90 nunca morirá: Suede, Built to Spill, Primal Scream, la madre indie Liz Phair, Stephen Malkmus & The Jicks… ¿Se puede aunar legado y futuro? Claro que se puede.

Sí. Se puede, claro que sí. Pero pensar que el público más joven se puede costear un abono de cerca de 200 euros cuando por 15 o menos pueden asistir a una fiesta de perreo o una batalla de gallos parece en principio bastante ingenuo. Primavera es una marca y tiene un público natural. La marca no quiere desaparecer, pero su público natural no se renueva al ritmo deseado. ¿Qué hacemos? Algo épico, bíblico, mesiánico. Dejad que los niños se acerquen a mí. La única razón por la cual esta estrategia puede dar algún resultado, se me ocurre, es la estrategia el rey está desnudo. Los fieles a la marca seguirán viendo al rey bien vestido, o mejor vestido que nunca, incluso.

¿Reguetón? Sí, reguetón. Hasta aquí con la dictadura de lo correcto. El mundo está poniendo sus ojos en los ritmos latinos y es el momento de apostar por un festival sin dogmas, más libre, más diverso. Por eso es importante la presencia de J Balvin, figura indiscutible de la expansión mundial del reguetón, un artista que ha roto barreras y prejuicios con su último disco, Vibras. Pero también lo es la presencia de la reinísima puertorriqueña Ivy Queen, del pionero DJ Playero y del panameño Japanese, historia viva del género. Sumados a otras leyendas como Don Chezina, Hurricane G y Tony Touch, ya no es que el reguetón desembarque en Primavera Sound en 2019. Es que viene toda la armada del perreo.

Quizás el problema no es la corrección política, término al que casualmente son bastante alérgicos los populismos de ultraderecha contemporáneos en todo el mundo. Quizá el problema sea la calidad bastante insuficiente de las propuestas de ciertos géneros. Llamadme clasista, pero no se me ocurriría equiparar una letra de copla clásica con las de Pepe Extremadura, rey de los mercadillos y dignísimo artista.

El mundo lleva poniendo la vista en los ritmos latinos desde que Carmen Miranda salía con un frutero en la cabeza en las comedias musicales de los años cuarenta. Cuando decimos el mundo supongo que nos referimos al mundo anglosajón, porque el mundo latino lleva poniendo la vista en sus propios ritmos más de 100 años. ¿O el mundo latino es menos mundo? ¿O lo único latino es el reguetón? ¿Por qué no traen artistas de cumbia o bachata, que son géneros muchísimo más populares en sus países de origen e influencia que el reguetón? ¿Será porque no están bendecidos por los capos de la industria del hip hop estadounidense? ¿No, verdad?

Muy bien la armada del perreo. ¿Cómo lo vamos a gestionar? ¿Será necesario el consentimiento explícito o tendremos que dejar que cualquier machito presione sus genitales contra nuestras posaderas, no vayamos a ser políticamente incorrectas? ¿Mediremos la circunferencia de glúteos a las féminas para que puedan acceder al escenario? Porque ya me dirán qué es un perreo sin un buen culo. O a lo mejor disponemos un espacio de perreo feminista donde los machos se mantengan a una distancia respetuosa y prudencial. Tengo muchísima curiosidad por verlo.

¿Y la apuesta por la música urbana? También gana espacio. En este caso, más allá de las primeras visitas a España de auténticas referencias del hip hop contemporáneo como Cardi B y Future en calidad de cabezas de cartel y de otras piezas fundamentales del género como son Danny Brown, Nas y Pusha T, en Primavera Sound 2019 también retumbarán las rimas humeantes de Kate Tempest, Flohio, slowthai y Loyle Carner desde el Reino Unido, y de artistas llamados a ser el futuro del género como 070 Shake (apadrinada por Kanye West), la irreverentísima cupcakKe con una doble actuación, JPEGMAFIA tras su abrasador concierto en Primavera Club, la imaginativa Tierra Whack, Princess Nokia con su particular revival emo y, como representantes en lengua hispana, la magnética Nathy Peluso y el prodigio Sticky M.A.. Pero esto no quedará aquí, porque el festival dedicará un escenario propio a la música urbana con 18 artistas seleccionados por el capo del trap español Yung Beef. Del colectivo Goth Boi Clique a la neoyorkina Rico Nasty pasando por leyendas locales como Somadamantina y nombres del momento como La Zowi, Goa, Albany y Brat Star, quedará claro que es imposible mirar hacia otro lado y que a través de la mirada urbana podemos entender el trap, el reguetón y todo lo que está por venir.

Vale, bien. Pero la música urbana se mueve en otros circuitos. Es posible que os salga bien, pero en ese caso la marca Primavera tendrá que renunciar a su esencia primigenia. Será otra cosa. Será como si Ferrari se empeña en hacer todoterrenos y coches familiares porque no llega a una clientela suficiente con sus carísimos deportivos. No sé si esperar que os salga bien la jugada para poder disfrutar del resto de joyas escondidas en el cartel, hasta que llegue algún año en el que tengamos que emigrar a otros festivales más acordes con nuestra esencia. Se me ocurre que quizá resulte más rentable para el público tradicional del PS acercarse a un ATP británico o incluso al modesto Tomavistas.

¿Qué pasa con la electrónica entonces? Cuando despertamos, seguía allí. De nuevo en colaboración con el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs, Primavera Bits volverá a contar con tres escenarios para proporcionar la cara más hedonista, festiva y alternativa del festival, además de alguna que otra sorpresa para rematar la faena. Y, como es habitual, en las propuestas electrónicas del festival se abordarán todos los palos del género, desde leyendas como Richie Hawtin CLOSE a nuevos tótems de los beats como Nina Kraviz, Modeselektor, Peggy Gou, Krystal Klear y Helena Hauff, además de los primeros directos de Objekt y Veronica Vasicka, Yves Tumor con banda y un nuevo espectáculo del maestro alemán Apparat. Además, lecciones enriquecedoras como la de Suzanne Ciani (pionera de la electrónica), desafiantes como las de SOPHIE y Mykki Blanco o híbridas como las de Neneh Cherry, Maribou State, Jungle y David August, junto a las nuevas generaciones que representan Mura Masa, Yaeji, Danny L Harle y RRUCCULLA.

Pues lo único que le pasa a la electrónica es que sigue tan representada como en años anteriores. Nadie se ha quejado hasta ahora, ¿no?

¿Qué significa un festival contra los algoritmos? En la era del big data, nos enorgullece ser un festival que solo puede existir gracias a un rastreo incansable del equipo de contratación. Solo de este modo pueden confluir en un mismo evento unos salvajes del metal como Carcass con la voz millennial del flamenco María José Llergo, la experimentación militante de BEAK> con el punk rock politizado de Stiff Little Fingers o el EBM con solera de Nitzer Ebb, la vuelta sorpresa de Lisabö con el combinado 2018 de Bakar, dos conciertos de Dirty Projectors (uno en el Auditori del Fòrum y otro al aire libre), el afro-funk-vogue de la carioca Linn da Quebrada o la tradición de la cubana Daymé Arocena. Del ambient de Tim Hecker & Konoyo Ensemble a The Messthetics (con Joe Lally y Brendan Canty de Fugazi) o el post hardcore de June of 44, de Lisa Gerrard de Dead Can Dance sumando su garganta a The Mystery of the Bulgarian Voices al free jazz de The Necks, de los cuatro baterías de Sons of Kemet XL a la primera gira de la historia de los padres del electro Cybotron (Juan Atkins y Richard “3070” Davis) o una de las escasas ocasiones de ver al trompetista Jon Hassell encima de un escenario. O esa expedición hacia el territorio musical japonés con las actuaciones de Wednesday Campanella, el cuarteto garagero CHAI, la leyenda asiática Midori Takada y el j-pop rebelde de Haru Nemuri. Solo en Primavera Sound.

Excusatio non petita. Damos por hecho que el trabajo de contratación es titánico. ¿Por qué alabarlo ahora? ¿Es que acaso hay mucha competencia en suelo patrio? Están lejos los tiempos en los que PS era casi la única apuesta decente una vez que los hermanos Morán vendieron su alma y la del FIB al vil metal. Debe der ser complicado hacer dinero y ser consecuente con una línea y unos principios. Para eso hay que tirar muchísimo de algoritmo y de big data, me temo. No, no estamos en tiempos de emoción sobre razón. Solo somos datos, numeritos, click-bait, matches y likes. La emoción, ahora, solo puede estar en el infraunderground, lejos de las redes y las grandes corporaciones. No ha colado.

¿Seguirá habiendo conciertos gratuitos? Por supuesto. La jornada inaugural del miércoles en el Parc del Fòrum será completamente gratuita con los conciertos de Big Red Machine, el genio post-millennial Cuco, el dream pop de Hatchie y las locales Melenas y Mow. Y un año más, el CCCB acogerá los conciertos gratuitos de clausura del domingo, esta vez protagonizados por los Filthy Friends de Peter Buck (R.E.M.) y Corin Tucker (Sleater-Kinney), una Christina Rosenvinge en estado de gracia y Cupido, el grupo revelación del momento en la música urbana formado por Pimp Flaco y Solo Astra.

¿Dónde se mantiene la esencia del festival? Por ejemplo, en la 12ª actuación consecutiva de Shellac, en nuestros Deerhunter que han decidido volver un año más para inaugurar el festival la noche del lunes en la sala Apolo, y en un DJ Coco que este año cerrará el evento desde la misma sala Apolo en la jornada del domingo y cederá su espacio para el fin de fiesta del sábado en el escenario Ray-Ban del Parc del Fòrum a DJ Rosario & Sama Yax, dos DJs de la familia Primavera Sound que pondrán la rúbrica a esta edición irrepetible del festival.

¿Dj Coco? ¿Os habéis comido a DJ Coco? ¿Cómo osais?

¿Algo más? Hay muchas cosas del cartel de Primavera Sound 2019 que aún no son normales, pero esperamos que a partir de ahora sí puedan serlo. No somos ni queremos ser los primeros, pero sobre todo no queremos ser los últimos en hacerlo. Queremos que llegue la nueva normalidad. Sube, que esto ya está en marcha…

Nueva, nueva, no parece. La normalidad jamás puede ser nueva. New skin for old ceremony. Es el mercado, amigo.

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