¿Cartel o cártel?

Paridad, eclecticismo y atrevimiento en el revolucionario cartel de Primavera Sound 2019

Hace dos días recibí esta ¿carta? en mi correo. Imagino que es porque compré el abono para ir al Primavera Sound hace ya unos meses.

Que en un cartel haya paridad real entre artistas femeninas y masculinos debería ser lo normal.

Coincido. Debería ser lo normal. El feminismo lleva aproximadamente 300 años intentándolo. El Primavera Sound ha tenido 19 años para enmendar este error. No creo que haya sido por falta de artistas femeninas en la historia del pop y del rock.

Que se derriben las fronteras entre géneros y se acaben los compartimentos estancos debería ser lo normal. 

Que haya atrevimiento en todos los escenarios, horarios y propuestas debería ser lo normal.

Para los asistentes habituales, creo que nunca ha sido ningún problema. El público compartimentado y poco abierto de orejas suele ir a otro tipo de festivales. No tiene mucho sentido publicitar en 2018 algo que viene siendo la tónica habitual de la marca Primavera, a no ser que detrás haya alguna otra intención. Respecto al atrevimiento en todos los escenarios, horarios y propuestas, se me ocurren un montón de propuestas que PS aún no ha tenido en cuenta. ¿Qué tal una cuasi diva del pop de calidad de aquí como Zahara en cabeza de cartel, en vez de otra bien avalada por la industria?  ¿O pagar a los artistas emergentes españoles al nivel que los extranjeros? ¿Os atrevéis?

Que se abrace la música de las nuevas generaciones sin olvidar la que nos ha llevado hasta aquí debería ser lo normal.

Lo que os ha llevado hasta aquí es un tipo de música determinado que, no nos engañemos, nunca ha sido mayoritario, por más prestigio intelectual que pueda tener. De hecho, PS nunca habría llegado a ser lo que es sin la afluencia de público extranjero. ¿Cuál es la música de las nuevas generaciones? Porque, al menos yo, cuando comencé a escuchar música, no escuchaba la música de mi generación. Si de verdad queréis tomar el pulso a la nueva generación, vuestro cartel debería ser como el del LOW o el Arenal Sound, que sí está repleto de menores de 30 años.

Disfrazar un cambio de rumbo comercial con el concepto de inclusividad (mujeres, jóvenes y afroamericanos, este último un colectivo, por cierto, poco frecuente en nuestra demografía y sobrerrepresentado aquí) es un poco mezquino y además limitante. ¿Están adecuadamente representados los artistas discapacitados, subsaharianos, gitanos, trans o inmigrantes de segunda y tercera generación?

¿Es el cartel de Primavera Sound 2019 normal? No, pero queremos que lo sea. The New Normal, o la nueva normalidad, es la idea sobre la cual se despliega el universo de la decimonovena edición del festival barcelonés. Del 30 de mayo al 1 de junio de 2019, el Parc del Fòrum de Barcelona será protagonista de una edición excepcional. Un punto de inflexión. Como explica desde un futuro el espectacular anuncio desvelado hace unos minutos desde los estudios de Radio Primavera Sound, esta es la edición en la que todo cambia.

¿Qué tiene de anormal? Es un cartel con artistas, de los cuales un número sospechosamente alto está avalado por la industria discográfica pura y dura mediante cifras de ventas o galardones. No parece muy arriesgado por vuestra parte. El cambio parece estar más en el departamento de marketing y publicidad que en la dinámica del festival.

La paridad en el cartel entre hombres y mujeres, un eclecticismo estilístico que salta a la vista y la pulsión de arriesgarse constantemente para conectar con los nuevos tiempos marcan los ejes del cartel de Primavera Sound 2019. Es la culminación de lo que se venía intuyendo en las últimas ediciones del festival, plasmado de forma definitiva en 226 nombres de los cuales más de un 50% son mujeres, con una diversidad de géneros que va del metal extremo al reguetón pasando por el pop, el hip hop, el jazz, la experimentación electrónica, el trap y el indie rock canónico, y con una evidente apuesta por la renovación de las posiciones más destacadas del cartel.  

Es loable que viente años después, a pesar de haber desperdiciado oportunidades espléndidas de hacer un cartel paritario o de colocar cabezas de cartel exclusivamente femeninas, se haga ahora un cartel paritario. Y uñas loable aún que sea a costa de introducir un grueso de artistas que practican un género con letras más que discutibles y una evidente objetificación y sexualización de la figura femenina en sus productos artísticos. Vale, que sí, que el rock clásico no es más feminista, pero que la mayoría de las letras de los Stones sean denunciables no van a convertir a J Balvin en un paladín del feminismo. Y perdonen que me rían con eso de “apuesta por la renovación de las posiciones más destacadas del cartel”, que suena bastante a eufemismo barato.

Y todo esto sin renunciar a construir, como cada año, un cartel único en el mundo, arriesgado y rotundo, que viene encabezado por los nombres que definirán la temporada musical 2018-2019: el retorno de Solange al festival, consagrada en su última actuación como la diva R&B que el mundo necesitaba; los paladines de la psicodelia pop Tame Impala con un esperadísimo nuevo disco por presentar; Cardi B, encumbrada como la nueva jefa del hip hop estadounidense gracias a un debut arrollador y a un carisma sin límites; el colombiano J Balvin, máximo exponente de la nueva ola de reguetón destinada a cruzar todas las líneas rojas, además de autor de uno de los discos del año, Vibras; Erykah Badu como indiscutible figura clásica moderna del soul; el abanderado del trap estadounidense Future; la estrella Janelle Monáe armada con su pop politizado; un icono del hip hop como Nas; y, en su inexpugnable ascenso a la cima del pop experimental planetario, Rosalía. Completan la parte alta del cartel James Blake como epítome del nuevo creador que conjuga baile y emoción, Interpol de la mano de un nuevo álbum que recupera su mejor versión y la sueca Robyn con su disco de regreso tras ocho años de silencio.

Solange, Erikah Badu, Interpol, Robyn y James Blake no parecen apuestas arriesgadas. ¿Por qué no Camela y su fusión de flamenco y electrónica? Mejor aún, por qué no la reunión de los tres miembros originales de Camela, en vez de Stereolab.  ¿O Pablo Alborán como epítome del nuevo cantautor que conjuga raíces y emoción?

¿Por qué hacer un cartel con paridad ahora? Porque deberíamos haberlo hecho hace mucho tiempo. Porque, revisando nuestros carteles de años anteriores y aun viendo la progresión de las últimas ediciones, había que dar unos cuantos pasos más. Si la mitad de nuestro público es femenino, ¿por qué no puede serlo nuestro cartel? ¿Por qué no puede haber paridad en horarios, estilos y escenarios? No ha sido fácil vencer las inercias heredadas durante tantos años, pero al fin y al cabo, si the future is female, ¿qué sentido tenía esperar? Nosotros empezamos por aquí, acelerando nuestro cambio para hacer un cartel que no debería ser excepcional, que queremos que sea normal. Pero no olvidamos que esto es solo un cartel y solo un festival: lo importante es todo lo demás.

El futuro es femenino ahora, que vende más. Cuando estaba muy mal visto ser feminista el futuro era electrónico o era músicas del mundo. Resulta que por unas genias como Tierra Whack o Kate Tempest hay que sufrir a machitos sobrepagados como Balvin o Yung  Beef. Me gustaría saber si la paridad del cartel ha llegado también al caché. ¿Cobrararán lo mismo las artistas de lo que cobraban sus homólogos masculinos en idéntica posición del cartel? Porque si no es así, está claro que esta edición sale bastante más rentable a costa del trabajo femenino. Vamos, lo que viene ocurriendo en cualquier sector económico, con la diferencia de que nadie tiene la desfachatez de venderlo de conquista feminista.

¿Un cartel para un público más joven? Sí… y no. Hay ídolos de la nueva generación como el enfant terrible Mac DeMarco, la poderosísima FKA twigs, la combativa Courtney Barnett, las representantes del pop con personalidad Carly Rae Jepsen, Christine and the Queens y Charli XCX, la diva R&B de ascendencia colombiana Kali Uchis, el indie rock descarnado de la joven Snail Mail, el desenfreno escénico de Boy Pablo u otra tríada de nombres para el futuro inmediato del pop exquisito como Sigrid, Clairo y Empress Of. Pero también hay sitio, y mucho, para anunciar la deseada reunión de Stereolab (sí, de verdad), una nueva aventura del ínclito Jarvis Cocker, la ansiada primera visita al festival de Guided By Voices, los colosos del punk Jawbreaker, la vuelta de Low con uno de sus mejores trabajos, el inconformismo de Róisín Murphy, el folk sobrio de Kurt Vile & The Violators, los emocionantes Big Red Machine de Justin Vernon y Aaron Dessner (que actuarán en la jornada inaugural gratuita del miércoles) o una retahíla más de nombres que dejan claro que el amor por los 90 nunca morirá: Suede, Built to Spill, Primal Scream, la madre indie Liz Phair, Stephen Malkmus & The Jicks… ¿Se puede aunar legado y futuro? Claro que se puede.

Sí. Se puede, claro que sí. Pero pensar que el público más joven se puede costear un abono de cerca de 200 euros cuando por 15 o menos pueden asistir a una fiesta de perreo o una batalla de gallos parece en principio bastante ingenuo. Primavera es una marca y tiene un público natural. La marca no quiere desaparecer, pero su público natural no se renueva al ritmo deseado. ¿Qué hacemos? Algo épico, bíblico, mesiánico. Dejad que los niños se acerquen a mí. La única razón por la cual esta estrategia puede dar algún resultado, se me ocurre, es la estrategia el rey está desnudo. Los fieles a la marca seguirán viendo al rey bien vestido, o mejor vestido que nunca, incluso.

¿Reguetón? Sí, reguetón. Hasta aquí con la dictadura de lo correcto. El mundo está poniendo sus ojos en los ritmos latinos y es el momento de apostar por un festival sin dogmas, más libre, más diverso. Por eso es importante la presencia de J Balvin, figura indiscutible de la expansión mundial del reguetón, un artista que ha roto barreras y prejuicios con su último disco, Vibras. Pero también lo es la presencia de la reinísima puertorriqueña Ivy Queen, del pionero DJ Playero y del panameño Japanese, historia viva del género. Sumados a otras leyendas como Don Chezina, Hurricane G y Tony Touch, ya no es que el reguetón desembarque en Primavera Sound en 2019. Es que viene toda la armada del perreo.

Quizás el problema no es la corrección política, término al que casualmente son bastante alérgicos los populismos de ultraderecha contemporáneos en todo el mundo. Quizá el problema sea la calidad bastante insuficiente de las propuestas de ciertos géneros. Llamadme clasista, pero no se me ocurriría equiparar una letra de copla clásica con las de Pepe Extremadura, rey de los mercadillos y dignísimo artista.

El mundo lleva poniendo la vista en los ritmos latinos desde que Carmen Miranda salía con un frutero en la cabeza en las comedias musicales de los años cuarenta. Cuando decimos el mundo supongo que nos referimos al mundo anglosajón, porque el mundo latino lleva poniendo la vista en sus propios ritmos más de 100 años. ¿O el mundo latino es menos mundo? ¿O lo único latino es el reguetón? ¿Por qué no traen artistas de cumbia o bachata, que son géneros muchísimo más populares en sus países de origen e influencia que el reguetón? ¿Será porque no están bendecidos por los capos de la industria del hip hop estadounidense? ¿No, verdad?

Muy bien la armada del perreo. ¿Cómo lo vamos a gestionar? ¿Será necesario el consentimiento explícito o tendremos que dejar que cualquier machito presione sus genitales contra nuestras posaderas, no vayamos a ser políticamente incorrectas? ¿Mediremos la circunferencia de glúteos a las féminas para que puedan acceder al escenario? Porque ya me dirán qué es un perreo sin un buen culo. O a lo mejor disponemos un espacio de perreo feminista donde los machos se mantengan a una distancia respetuosa y prudencial. Tengo muchísima curiosidad por verlo.

¿Y la apuesta por la música urbana? También gana espacio. En este caso, más allá de las primeras visitas a España de auténticas referencias del hip hop contemporáneo como Cardi B y Future en calidad de cabezas de cartel y de otras piezas fundamentales del género como son Danny Brown, Nas y Pusha T, en Primavera Sound 2019 también retumbarán las rimas humeantes de Kate Tempest, Flohio, slowthai y Loyle Carner desde el Reino Unido, y de artistas llamados a ser el futuro del género como 070 Shake (apadrinada por Kanye West), la irreverentísima cupcakKe con una doble actuación, JPEGMAFIA tras su abrasador concierto en Primavera Club, la imaginativa Tierra Whack, Princess Nokia con su particular revival emo y, como representantes en lengua hispana, la magnética Nathy Peluso y el prodigio Sticky M.A.. Pero esto no quedará aquí, porque el festival dedicará un escenario propio a la música urbana con 18 artistas seleccionados por el capo del trap español Yung Beef. Del colectivo Goth Boi Clique a la neoyorkina Rico Nasty pasando por leyendas locales como Somadamantina y nombres del momento como La Zowi, Goa, Albany y Brat Star, quedará claro que es imposible mirar hacia otro lado y que a través de la mirada urbana podemos entender el trap, el reguetón y todo lo que está por venir.

Vale, bien. Pero la música urbana se mueve en otros circuitos. Es posible que os salga bien, pero en ese caso la marca Primavera tendrá que renunciar a su esencia primigenia. Será otra cosa. Será como si Ferrari se empeña en hacer todoterrenos y coches familiares porque no llega a una clientela suficiente con sus carísimos deportivos. No sé si esperar que os salga bien la jugada para poder disfrutar del resto de joyas escondidas en el cartel, hasta que llegue algún año en el que tengamos que emigrar a otros festivales más acordes con nuestra esencia. Se me ocurre que quizá resulte más rentable para el público tradicional del PS acercarse a un ATP británico o incluso al modesto Tomavistas.

¿Qué pasa con la electrónica entonces? Cuando despertamos, seguía allí. De nuevo en colaboración con el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs, Primavera Bits volverá a contar con tres escenarios para proporcionar la cara más hedonista, festiva y alternativa del festival, además de alguna que otra sorpresa para rematar la faena. Y, como es habitual, en las propuestas electrónicas del festival se abordarán todos los palos del género, desde leyendas como Richie Hawtin CLOSE a nuevos tótems de los beats como Nina Kraviz, Modeselektor, Peggy Gou, Krystal Klear y Helena Hauff, además de los primeros directos de Objekt y Veronica Vasicka, Yves Tumor con banda y un nuevo espectáculo del maestro alemán Apparat. Además, lecciones enriquecedoras como la de Suzanne Ciani (pionera de la electrónica), desafiantes como las de SOPHIE y Mykki Blanco o híbridas como las de Neneh Cherry, Maribou State, Jungle y David August, junto a las nuevas generaciones que representan Mura Masa, Yaeji, Danny L Harle y RRUCCULLA.

Pues lo único que le pasa a la electrónica es que sigue tan representada como en años anteriores. Nadie se ha quejado hasta ahora, ¿no?

¿Qué significa un festival contra los algoritmos? En la era del big data, nos enorgullece ser un festival que solo puede existir gracias a un rastreo incansable del equipo de contratación. Solo de este modo pueden confluir en un mismo evento unos salvajes del metal como Carcass con la voz millennial del flamenco María José Llergo, la experimentación militante de BEAK> con el punk rock politizado de Stiff Little Fingers o el EBM con solera de Nitzer Ebb, la vuelta sorpresa de Lisabö con el combinado 2018 de Bakar, dos conciertos de Dirty Projectors (uno en el Auditori del Fòrum y otro al aire libre), el afro-funk-vogue de la carioca Linn da Quebrada o la tradición de la cubana Daymé Arocena. Del ambient de Tim Hecker & Konoyo Ensemble a The Messthetics (con Joe Lally y Brendan Canty de Fugazi) o el post hardcore de June of 44, de Lisa Gerrard de Dead Can Dance sumando su garganta a The Mystery of the Bulgarian Voices al free jazz de The Necks, de los cuatro baterías de Sons of Kemet XL a la primera gira de la historia de los padres del electro Cybotron (Juan Atkins y Richard “3070” Davis) o una de las escasas ocasiones de ver al trompetista Jon Hassell encima de un escenario. O esa expedición hacia el territorio musical japonés con las actuaciones de Wednesday Campanella, el cuarteto garagero CHAI, la leyenda asiática Midori Takada y el j-pop rebelde de Haru Nemuri. Solo en Primavera Sound.

Excusatio non petita. Damos por hecho que el trabajo de contratación es titánico. ¿Por qué alabarlo ahora? ¿Es que acaso hay mucha competencia en suelo patrio? Están lejos los tiempos en los que PS era casi la única apuesta decente una vez que los hermanos Morán vendieron su alma y la del FIB al vil metal. Debe der ser complicado hacer dinero y ser consecuente con una línea y unos principios. Para eso hay que tirar muchísimo de algoritmo y de big data, me temo. No, no estamos en tiempos de emoción sobre razón. Solo somos datos, numeritos, click-bait, matches y likes. La emoción, ahora, solo puede estar en el infraunderground, lejos de las redes y las grandes corporaciones. No ha colado.

¿Seguirá habiendo conciertos gratuitos? Por supuesto. La jornada inaugural del miércoles en el Parc del Fòrum será completamente gratuita con los conciertos de Big Red Machine, el genio post-millennial Cuco, el dream pop de Hatchie y las locales Melenas y Mow. Y un año más, el CCCB acogerá los conciertos gratuitos de clausura del domingo, esta vez protagonizados por los Filthy Friends de Peter Buck (R.E.M.) y Corin Tucker (Sleater-Kinney), una Christina Rosenvinge en estado de gracia y Cupido, el grupo revelación del momento en la música urbana formado por Pimp Flaco y Solo Astra.

¿Dónde se mantiene la esencia del festival? Por ejemplo, en la 12ª actuación consecutiva de Shellac, en nuestros Deerhunter que han decidido volver un año más para inaugurar el festival la noche del lunes en la sala Apolo, y en un DJ Coco que este año cerrará el evento desde la misma sala Apolo en la jornada del domingo y cederá su espacio para el fin de fiesta del sábado en el escenario Ray-Ban del Parc del Fòrum a DJ Rosario & Sama Yax, dos DJs de la familia Primavera Sound que pondrán la rúbrica a esta edición irrepetible del festival.

¿Dj Coco? ¿Os habéis comido a DJ Coco? ¿Cómo osais?

¿Algo más? Hay muchas cosas del cartel de Primavera Sound 2019 que aún no son normales, pero esperamos que a partir de ahora sí puedan serlo. No somos ni queremos ser los primeros, pero sobre todo no queremos ser los últimos en hacerlo. Queremos que llegue la nueva normalidad. Sube, que esto ya está en marcha…

Nueva, nueva, no parece. La normalidad jamás puede ser nueva. New skin for old ceremony. Es el mercado, amigo.

Amar de oídas 2.0.

A pesar de la distancia, a mis oídos, señor, ha llegado su fama. Dicen que sus twits son de tal gracia y donaire, y sus stories de instagram de tal belleza y finura, que las gentes se admiran en toda la región y en los reinos cercanos, y quien le conoce y le lee no puede sino clicar los corazones, señalar con los pulgares hacia arriba y retwittear sus gentiles sentencias. Cuentan también que no hubo caballero de perfil más hermoso ni tagline más certero y cautivador, de tal modo que muchas damas hermosas y discretas requieren su amistad con mensajes privados y menciones. Y en esto, que, aun sin haberle visto jamás en justas, fiestas y torneos ni aplicaciones móviles ni páginas, sin ni siquiera haber gozado de su boca las dulces palabras, ni comprobar con mis propios ojos que es tan bueno, agradable y de tantos méritos como dicen, solicito que me otorgue su amor, bello amigo, pues  justa es su fama en todos los dominios conocidos, hasta los confines de la deep web.

Ritos 2.0.

Nunca nos ausentamos del rito. Acudimos periódicamente a esos edificios de interior silencioso y fresco donde veneramos imágenes. Con las almas recogidas, nos detenemos brevemente a mostrar nuestros respetos, leemos la oración o repasamos las vidas de santos que los oficiantes nos ofrecen en folletos y catálogos.

Con cuidado, intentamos no molestar al resto de creyentes si se cruzan con nosotros camino del altar. Si es necesario, se reprocha el comportamiento ruidoso de los niños o los curiosos que se acercan a veces los festivos.

Cuando hemos acabado la plegaria sentados en un banco frente a la instalación audiovisual, salimos, ligeramente sobrecogidos.

En este valle de lágrimas.

 

Playa Cuerpo

GTB_Harold_Feinstein_Two_Men_and_a_Boy_Contemplate_1950.jpgHarold Feinstein, 1950 aprox. Optimismo contagioso. Un adolescente con cámara al hombro comienza a retratar a sus vecinos de Coney Island. Invierno y verano. Las imágenes son humanas, visiblemente más borrosas de lo que el ojo contemporáneo acostumbra a ver. Debía ser un privilegio que alguien se dignara en tomar un retrato nuestro. Los rostros que posan aparecen siempre con una expresión de alegría genuina e, intuimos, casi agradecimiento. Excepcionalmente, se va colando la fascinación por el cuerpo de playa.

 


xv-mis.jpgXavier Miserachs, 1966. Costa Brava Show. Retazos de un país que estaba acostumbrándose al extranjero versión turista, esa plaga que asuela la tierra que pisa. Un pasado dolorosamente cercano y la misma disposición que tenemos ahora nosotros al visitar algún otro país espejo de lo que fuimos. El blanco y negro de Miserachs enlaza a veces con el de Fenton. Vecinos espontáneos, niños que juegan, escenas de costumbres sin presencia ajena, optimismo también contagioso. Pero también se asombra ante la señalética que comienza a desfigurar los espacios tradicionales o al lugar, entre central y expectante, que ocupa un turista metido en una juerga flamenca.


NYC13658.jpgElliot Erwitt, 1960-1990, aprox. On the beach. La acción transcurre durante tres décadas, localizada en las playas de al mínimo dos continentes distintos. El punto de partida es aparentemente simple: You look at girls; you get a suntan; you might catch a photo that works. Las imágenes, en blanco y negro, aún pueden dar cuenta de algunas diferencias. No obstante, el poder igualador del traje de baño es imparable. Erwitt abunda en sus obsesiones: la simetría, los pares, el feliz absurdo, el chiste solo evidente para quien sabe mirar. Y el cuerpo desmembrado, en el que la suma de las partes nunca asegura que, como resultado, se obtenga otra vez el ser original. 


1470044815_491134_1470044913_album_normal-300x200.jpgMartin Parr, 1980 y 1998. The Last Resort. Benidorm. El optimismo contagioso ha desaparecido de la escena. Dedicarse a la vivisección de los semejantes no es una tarea ni fácil ni entretenida, ni mucho menos gratificante. El color vibrante y profundo que emplea The Last Resort llega al paroxismo en Benidorm. Benidorm es el centro del mundo, una sucesión de cuerpos fragmentados, descontextualizados y profusamente coloridos. Ojo, el soporte (de físico a físico) aún mitiga la frialdad y tersura a la que nos acostumbraremos después. También la mirada cruel, pero tierna al fondo, desde donde mira Parr a sus sujetos/objetos.


7cc9aeb53e4afea26d5f3c46aaa84916-online-art-art-gallery.jpgMaria Moldes, 2015. Escenas de la vida radioactiva. El soporte ha cambiado, definitivamente. No se puede tocar, es terso, brillante, impoluto. Los colores adquieren una cualidad sobrenatural, hieren. No sabemos si esta es la vida real o es un paraíso plástico donde la imperfección, ampliada hasta lo grotesco, deja de percibirse como defectuosa y se convierte en tema absoluto. Los humanos son cada vez menos humanos. El cuerpo es cada vez menos cuerpo: maltratado, maquillado, dispuesto en partes según sus miembros. Ya no podemos reconocernos en nuestros semejantes, y estos seres nuevos están colonizando el planeta. La semilla de Parr ha florecido en su hábitat natural, Benidorm. Sin compasión alguna.

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Beatus ille 2.0.

¡Qué descansada vida
la del que huye del digital ruïdo,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del afrutado logo
se admira, fabricado
del sabio angelino, en iPads sustentado.

No cura si la WhatsApp
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la instagrama lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano like señalado;
si en busca deste follower,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

Incomunicación 2.0.

¿Cuánto tiempo llevamos juntos? ¿8, 9 años? Sé que no ha sido fácil. A veces eran los problemas económicos, otras, la falta de conexión. Sé que no siempre te he dado los datos que necesitabas, y que algunas veces he desaparecido un tiempo sin dar explicaciones o te he borrado de mi vida sin avisar. Sin embargo, si lo piensas, más cerca o más lejos, yo he estado ahí.

Llevamos juntos tanto tiempo… (suspiro).

Por eso me sorprende que aún no me conozcas, y que cada vez que pulso la pestaña novedades, me apabulles con reguetoneros, traperos y cantautoras latinas, querido Spotify.

Tres hilos, III

Ella era lo rebelde que se podía ser. Más bien un poco excéntrica. Le gustaba montar a caballo y trabajar el campo. A veces entraba por la puerta falsa sin bajarse de la montura hasta que llegaba al patio, en contra del sentido común y la costumbre. No quiso aprender a coser.

Él era pastor de almas. Entonces había una nutrida comunidad protestante en la provincia. Muchos domingos entraba en la iglesia católica para escuchar la homilía del sacerdote. Tenía fama de hombre sensato y leído.

Tuvieron que casarse por rapto. Nadie de la familia quiso ser testigo de unión tan aberrante con un hijo de Lutero.

Los azares del ministerio les llevaron a una pequeña ciudad cerca de la capital. Allí se instalaron en una casita con jardín, vidrieras de colores y rejas floridas, junto a dos hijos adoptivos, Esther y Jonás. El jardín se convirtió en un huerto. Y cuando las raíces habían madurado lo suficiente tuvieron que repartirse por tierras más amables, guerra mediante. Marsella. París. Buenos Aires. Montevideo.

Al fin y al cabo había sido un mandato del Señor. Poblad el orbe.

He acabado recalando en la misma pequeña ciudad por puro azar.

Tampoco puedo plantar esta vez.

 

 

Midlife crisis, 49

Cuando tus coetáneos insisten en alabar las bondades de la vida adulta y familiar, tú te acuerdas de los consejos de tu abuelo. Que son exactamente lo mismo, pero con bastante menos palabrería.

Tres hilos, II

*Empezar

Mi profesión tiene las dosis de absurdo necesarias para afrontar cada año de vida laboral con los restos de alegría que sobran de otros momentos. Es algo así como un tiempo de descuento administrativo. Para poder recibir una propina cada seis años (tres noches más de hotel, un jersey caro, pasar la tarde en una librería guiados únicamente por el apetito), tenemos que acumular sabiduría, sabiduría constatada, cuantificada, medida, blanco sobre negro.

Busco siempre el conocimiento más inútil y menos productivo. Cuentan que en otras épocas más humanas había un ramillete florido de cursos de bailes africanos, fotografía o técnicas de impresión artesanal. Pero en estos otros tiempos lo más peregrino que encontré fue un curso de susurros.

Todavía no he bebido lo suficiente.
No digo mucho, digo lo suficiente.

Así pues, aplicada, escogí un poema para susurrar. Pensé en algo que realmente pudiera decir en alguna ocasión.

Así que ahórrate la otra vez
y próximas. Nunca dije: atada soy.

O algo que, efectivamente, hubiera dicho alguna vez.

Ni me horroricé por un beso
en cualquier parte. Adoro
sólo lo adorable.

Era cuestión de buscar portadores de sentido. De encontrar la dirección de la palabra.

Un día, u otro
siempre puede asomarse una
a la ventana y ver tejados.

Hacia uno mismo.

Adoro los tejados y beber.
Bebo para la tirria, para
comprender.

Hacia ti.

No te entiendo,
me levanto, está bien,
no me quedo.

Hacia arriba. Justo donde estaba dios antes.

Estaba bien, sí. En cada sesión creía un poco más en el poema. Me apropié de las palabras. Estaba comenzando a ser mío. Las susurré a otros oídos unas veinte o treinta veces. Yo me sentaba detrás del escuchante, inclinaba la boca levemente hacia su oreja y bajaba medio tono mi voz. Me gustaba pensar que mientras susurraba me pusieran otro rostro. Cuando alguna silueta tenía un rasgo particular para mí, yo hacía lo mismo.

El último día cerré la libreta de notas. Ya está. Trámite hecho. La vida es otra cosa. Nadie susurra en verso.

Pocos días después me vi exactamente en la situación que había imaginado mientras aprendía a susurrar. Recordé las texturas, los portadores de sentido, las direcciones adecuadas.

Pero las palabras ya no estaban.

Tampoco esta vez servían.

*Concha García, Empezar, 1993.

 

Tres hilos, I

1. Hace un año tecleé mi nombre en el buscador. Me había perdido, en cierto modo, y acabé encontrándome. Alguien vendía en una web de librerías de segunda mano un ejemplar de Adiestramiento por cuatro veces más su precio en el mercado. El anuncio destacaba “dedicado por la autora”.

¿Quién se desharía de un libro dedicado?

Decidí rescatarme. Si es que aún quedaba algo por salvar.

Llamé a mi escudero, subimos a Cercanías, paramos a pedir una de croquetas y dos jarras en Bodegas Rosell y acabamos a la hora de apertura bajo el cartel amarillo pollo de una oscura librería de viejo de Ciudad Lineal, atestada de libros de suelo a techo, y con suculentas ofertas en vhs.

Los trámites fueron bastante más limpios y rápidos de lo que hubiera querido. Me estaban dejando sin historia.

Me hallé. Me compré.

Antes de pagar, cuando el dueño iba surgiendo de entre el polvo y la oscuridad del a escalera del almacén, estuve a punto de contarle mi increíble aventura. Yo escribo, ¿sabe? Aunque casi nunca lo parezca. Caí a tiempo en la cuenta de que aquello no era ninguna novela y además el hombre tenía prisa por deshacerse de aquel librillo color azul gastado.

Pagué y nos fuimos.

En algún sótano de algún periódico se había hecho limpieza a fondo. Quizás hubiera sido en la casa de algún crítico y antiguo director de suplemento cultural. Una de las pocas dedicatorias de compromiso que hice en su momento.

No había ofensa. Nada personal. Solo había sido cuestión de espacio.

Pero tampoco esta vez fui capaz de armar la historia.