Dragón

Todos los hombres que visitan esta casa más de un par de noches seguidas quieren quitar el mueble del pasillo. Tienen una fijación con la bestia oscura que nos limita el paso entre la cocina, el baño y el salón. Al principio todos proponen la misma idea-objeto: hacha. Los que perseveran (en seguir entrando en casa) refinan un poco la violencia del método: desencolar, serrar, desencajar. Hubo quién, tras acechar al monstruo día tras día, descubrió que estaba hecho (con 60 años de adelanto) igual que los de IKEA, y ducho en la materia, se ofreció en cuerpo y alma para acabar con él en los tres días mágicos (viernes-sábado-domingo) de que gozan los mortales para las tareas sobrehumanas. Prometió que así la luz llegaría a este reino.
El dragón sigue en el pasillo.
El pasillo sigue en la oscuridad.
La oscuridad sigue en una de las habitaciones porque el caballero se rindió, dejó de luchar con el dragón y, con ello, de entrar en la casa.
En su huida perdió, además de nuestra admiración, la clave para matar al animal. Pero aún no nos hemos puesto manos a la obra, por si acaso no vuelven hombres a esta casa cuando ya no tengan ninguna bestia que aniquilar.

Amenities

Cada vez que vuelve de viaje nos llena la casa de frasquitos de champú y de gel y esponjas para los zapatos y estojos de costura, que me gusta mucho más que sewing kits, e incluso acondicionadores de cabello, jabón facial, body milk y zapatillas. Yo nunca las había visto de otros continentes hasta que llegué aquí. La verdad es que ni siquiera sabía que regalaban zapatillas de felpa. En fin, hasta ahora sólo he dormido en sitios donde te dan un sobre de champú y una pastilla de jabón duro. Tampoco sabía que se llamaban amenities. Al principio me hacía mucha gracia. Los abría para olerlos y volvía a taparlos con mucho cuidado, convenciéndome de que olían a otra cosa, o intentando ordenarlos en el baño por marcas, productos y colores. Cuando falta jabón s saca sus amenities para que nos lavemos las manos. Entonces te das cuenta de que huelen igual que olían los sobres de champú.
Igual.

Felicidad, casi

Casi. He estado con p hasta que ha salido su autobús, unas tres horas. No hemos hablado demasiado del pasado común, lo que me parece un indicio inequívocamente positivo para una amistad: hay futuro. He vuelto a casa con ganas, llovía un poco. He preparado unas tostadas con mermelada de ciruelas y queso, y una taza de té rojo que me recordó a las granadas que estuve recogiendo el domingo y a que olía igual después de regar los árboles. Es una lástima que ese sabor del té, algo desagradable, a tierra mojada, estropeara un recuerdo tan bucólico. Después he encendido este cacharro con el estado de ánimo perfecto, una nostalgia optimista y sin lastrar.
Sí, claro que hemos hablado de él. A mi me hubiera gustado poder contar la historia entera, desde el principio hasta el final (de no ser por esta falta de habilidad para manejar los tiempos que me obliga a avanzar siempre en círculos), pero no he tenido ganas, fuerzas para hacer el ejercicio de memoria y de narración. Tampoco para los ejercicios de hipótesis. Sobrecarga muscular. Y menos para los análisis de indicios, señales y síntomas que sí, significan. Pero no, no es obligado que lo hagan.

Casi.

Estrategias de fidelización

Hemos caído en la barra de La Tabernita como esos niños que, nos contaban, aceptaban caramelos de desconocidos a las puertas de los colegios. Todo por culpa de las estrategias de fidelización de la hostelería tradicional. Que si ayer os invité a un aperitivo, que si mañana a una doble, y hoy, por supuesto, no me diréis que no a la última. Consecuencia: vuelvo al desorden, al menos durante unas seis horas. Después, a esperar mientras sigo buscando ejemplos de focalización. Aquí me vienen muchas dudas. A saber, ¿en que punto el cine pasa del celuloide a la celulitis? ¿Por qué cuando un pintor-escultor-fotógrafo-tanto me da graba un vídeo rudimentario se convierte automáticamente en, ejem, arte y cuando un director de cine hace lo mismo pero con un dominio técnico bastante más avanzado produce un, ejem, esnobismo infumable? ¿Por qué a Ruth le parecía Peter Greenaway un enfermo? ¿O dijo obseso decadente? No traduje bien.
El arca rusa. Después de verla me sentí culpable de que uno de mis directores favoritos sea Tim Burton.

Mañana como con p, de profesión sus semióticas. Tengo un viaje pendiente a Renedo. También algunas dudas. Prometo no preguntar por nadie.