Toc

toc

toc toc

toc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toctoc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toctoc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toctoc toc toc toc toc toc

toc toc toc toc toc toctoc toc toc toc toc toc

toc

toc

 

nada

Diario de escritor

Los clásicos

De púber leía mucho clásico. Fray Luis, el Arcipreste, los Episodios. Cuando acabé con la biblioteca de la escuela proseguí con la del Liceo. Allí había autores extranjeros nacidos después de Cristo igualmente clásicos: el Bardo, Goethe, los existencialistas. Lástima no haber pasado una de esas convalecencias tan literarias en mi primera juventud.

Ahora tengo menos tiempo. Sólo leo cuando me citan.

Hallazgo

Descubrió una página mientras redactaba un memorándum.
En ella un hombre hablaba de lo feliz que era, de su mujer y sus dos hijos pequeños, de cómo habían celebrado el aniversario de una preciosa boda en una ermita, de lo inmensamente feliz, otra vez,  que era respirando a su lado.

Se llamaba igual que alguien con quien quizás había malgastado el tiempo cuando tenían tiempo de verdad y no momentos de ocio; o cuando se apretaban en pisos prestados sin calefacción para ver capitales europeas y eran turistas, y no viajeros, ni clientes, ni socios, ni estimados señores.

Hoy le parece un nombre pardo como la primera piedra que no puede tirar.

Hormas

Nos aterra la forma.
Depuramos, eliminamos.

Escribimos sobre el vacío.

Como si nos asegurara el fondo.

Vaso

Se atreve a formular una metáfora en tu ausencia.

Cuando vuelvas en ti
Calla antes de acabar.

Entonces pedía un vaso de agua -un sorbo- y te miraba a través del cristal

para tirar dentro el cigarrillo.

Penélope en el circo

Sabes que brincar de cama en cama como un trapecista tiene sus riesgos. Que algún día, sin avisar, alguien extenderá la red que proteja tu salto del vacío, y ese día caerás.

Y cuando caigas, alguien prometerá deshacer los nudos de la malla para que continúes tus acrobacias, pero todas las noches, mientras duermas, alguien anudará los cabos aún más fuertes.

Chloë

Su novia acababa de comprar una cámara digital. Le hacía fotos y fotos que eran la misma, contra el gotelé parduzco. Una y otra y otra. Todas con las mismas sombras cruzadas, mal puestas, con las crestas de la pintura agigantándose contra la pared.

Hasta que consiguió los ojos y la sonrisa descreída de Clhoë Sevigny en Boys don’t cry.

Mira. Por fin eres tú.

Kate

Encontraron trazas en los baños del Bundestag circa 2001.
Antes recogieron muestras de los servicios de caballeros en la House of Commons. Positivo.
Se supone que en la House of Lords los resultados serían similares de haber hecho el estudio pertinente.

Un 90 por ciento de los billetes de libras (esterlinas) tienen restos de cocaína. Se infectan unos a otros en la promiscuidad de las carteras.

Un 70 por ciento de los billetes españoles, antes del euro. Cualquier resto de polvo blanco hallado en el Congreso se sigue atribuyendo a golpistas. No hay constancia de investigación detallada.

Eurodiputados progresistas y miembros de nuevas generaciones beben igualmente con la mandíbula desencajada. Los he visto en discotecas y baños de estación.

Pero no hay la más mínima necesidad de alarma.

Ninguna adolescente sueña con dedicarse a la política.

Hija

Te he pagado ortodoncias y plantillas, clases de ballet y visitas al endocrino infantil. Aún eras pequeña. Blanqueamientos dentales, tratamientos antiestrías mientras estabas creciendo. Tenía la esperanza de que comprendieras. Te enseñé a peinarte, a maquillarte, a combinar los colores y las formas. Siempre has tenido la cintura muy ancha.
A mi me pusieron un corsé a los 5 años.

No sabes vestirte, llevas siempre los cuellos desbocados, no usas secador.

Yo duermo todas las noches con rulos desde los 15 años.

Zapatos planos. Por fin te has comprado unos tacones. Muy tarde.
Has aprendido. Por fin.

Sólo vales en la medida en que ellos te deseen.

Dragón

Todos los hombres que visitan esta casa más de un par de noches seguidas quieren quitar el mueble del pasillo. Tienen una fijación con la bestia oscura que nos limita el paso entre la cocina, el baño y el salón. Al principio todos proponen la misma idea-objeto: hacha. Los que perseveran (en seguir entrando en casa) refinan un poco la violencia del método: desencolar, serrar, desencajar. Hubo quién, tras acechar al monstruo día tras día, descubrió que estaba hecho (con 60 años de adelanto) igual que los de IKEA, y ducho en la materia, se ofreció en cuerpo y alma para acabar con él en los tres días mágicos (viernes-sábado-domingo) de que gozan los mortales para las tareas sobrehumanas. Prometió que así la luz llegaría a este reino.
El dragón sigue en el pasillo.
El pasillo sigue en la oscuridad.
La oscuridad sigue en una de las habitaciones porque el caballero se rindió, dejó de luchar con el dragón y, con ello, de entrar en la casa.
En su huida perdió, además de nuestra admiración, la clave para matar al animal. Pero aún no nos hemos puesto manos a la obra, por si acaso no vuelven hombres a esta casa cuando ya no tengan ninguna bestia que aniquilar.