Visto: en directo. Octubre. Noviembre.

AMT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mugstar / Acid Mother Temple: Agradable sorpresa los norteamericanos y conciertazo de los japoneses, aunque excesivamente ortodoxo para lo que son capaces de hacer. Después de 30 años, qué menos.

Gruff Rhys / Mogwai: No llegué a tiempo a Rhys y tenía mucha curiosidad. Mogwai lo pasaron muy bien sobre el escenario. Fue profesional y cuidado, pero eché de menos algo más de intensidad.

The Drift / Explosions in the sky: The Drift solventaron la telonería con elegancia frente a un público bastante ansioso por ver a Explosions in the sky. Por público presente y puesta en escena, se les puede coronar como los Coldplay del postrock. Cocainómanos del mundo, por favor, para beber copazos y meterse tiros, mejor os ponéis el disco en casa de un amigo y seguís con lo vuestro. Gracias.

Mopane / Eli Gras / Jardín de la Croix: el desastre, y es que ver una cucaracha correteando entre los tercios no augura nada bueno. Mopane son buenos instrumentistas, pero poco inventivos. Eli Gras ofrece algo curioso, lleno de robots y cacharritos electrónicos, pero necesita mejorar. Jardín de la Croix no tuvieron su mejor día. Poco tiempo y pocas ganas para presentar el nuevo disco. A pesar de todo fueron lo mejor de la noche con diferencia.

Jools Hunter / Silver Apples: Jools Hunter son jóvenes y hermosos y hacen electrónica y hasta aquí puedo reseñar su méritos.  A Simeon Cox hay que verle, aunque solo sea porque, dada la dramática trayectoria de Silver Apples, puede que al mes siguiente esté en coma (Dios no lo quiera) o con la pierna colgando del techo en cualquier hospital. Arqueología de la música electrónica, carisma y buen concierto a pesar de algunos intentos fallidos por modernizar sus canciones.


Soportes, II

La desaparición del soporte físico en favor del MP3 que vaga por el éter tiene más o menos consecuencias sobre determinados tipos de artistas, modelos comerciales o artistas-industria. La descarga masiva afecta poco o nada a los músicos de circuitos alternativos que venderían entre 30 y 500 copias. Antes al revés, el hambre de experiencia real “analógica” que propicia la saturación de nuestra experiencia virtual permite a los pequeños (en volumen de ventas) artistas si no vivir de la música, al menos no tener que invertir demasiado dinero propio en dar a conocer sus propuestas en directo.

Tampoco los artistas-industria son los más afectados, aunque sí lo sea el entramado ejecutivo-discográfico-comercial  que tienen detrás. El artista industria no generará las plusvalías de antaño, pero su valor añadido en el mercado (publicidad, eventos, grandes giras mundiales) aún le permitirán llevar una vida de pequeños placeres (ya se sabe, la pequeña mansión, el pequeño yate…).

Peor lo tiene la clase media musical, esa masa que va desde el músico-pyme hasta el que gana al año el equivalente a un asalariado modesto sin tener que dedicarse a otra cosa, porque la diferencia entre vender 400.000 discos a vender 10.000 no se compensa con espectáculos en directo. Unos verán gravemente mermados sus ingresos. Otros tendrán que descender al proletariado musical rellenando los huecos de la cartera con actividades paralelas.  ¿Qué opción de futuro tiene, en la red o fuera de ella, este tipo de artista?

Soportes, I

Yo también descargo música. Aclaro en mi defensa que también compro, aunque cada vez lo hago menos, en tiendas, esas que  desaparecerán o ya han desaparecido, y más en los puestecillos de merchandising de los conciertos, sobre todo si los artistas publican en sellos pequeños y difíciles de localizar. No toda la música que descargo es la que compraría, por supuesto. Ni siquiera toda la música que descargo es la que escucharía. Para eso tengo una carpeta que dice MÚSICA PARA TIRAR, así, con mayúsculas, para que quede claro.

Quizás algún día, cuando tenga espacio, compraré un plato, un amplificador y unos buenos altavoces, porque conservo algún vinilo. Sé, que aunque no sea nada raro, –es lo que han hecho las masas durante décadas–, en estos momentos sí es algo excepcional, tan excepcional como revelar carretes o tricotarse sus propios jerséis. La mayoría de los que están entre ambas eras, analógica y digital, han deshechado por completo sus viejas cámaras de carrete, pero regalan de vez en cuando algún deuvedé o cedé edición especial en onomásticas, cumpleaños y fiestas de guardar.

Pero hay una generación que no sabe lo que es comprar un disco, que sólo conoce los cedés de sus padres (sus hermanos mayores tampoco tienen) y que ve absurdo comprar algo que se puede conseguir sin salir de casa y sin pagar. Si el revival del vinilo no consigue, por lentamente que sea, una gran minoría de adeptos, el futuro de los soportes musicales estará más que visto para sentencia.

Cuento

Había una vez un reino en el que unos hombres malos no, pero sí avispados, decidieron hacer un festival muy grande. Un festival, a todo esto, es un sitio lleno de vasos de plástico, polvo y altavoces que hacen mucho ruido y se escuchan mal, bien porque uno está muy lejos o porque sí, sencillamente. Entonces vinieron otros hombres también avispados, pero menos, y se copiaron de los primeros y empezaron a hacer muchos festivales en todas partes, y para atraer a los grupos empezaron a pagarles cada vez más, cada vez más, cada vez más, y los grupos, que normalmente son gente jovencita y de poco mundo, se malearon y dejaron de querer tocar ellos solos y bueno, también les pasó a los mayores, la verdad. Al mismo tiempo ocurría que como de música nada más no vive nadie y había que repartir los cuartos para ropa y drogas, la gente que iba a los festivales dejó de ir a los conciertos en salas, que costaban cada vez más, cada vez más, cada vez más. Y como  los grupos no venían a tocar solos y la gente no podía pagar por verlos, algunas salas cerraron a pesar del apoyo del ayuntamiento de la capital del reino, que dejaba ondear una bandera negra a media asta por cada sala que desaparecía.  Y todos los grupos que venían de reinos lejanos y menos lejanos aprovechaban el verano como las golondrinas y sólo se dejaban ver en los festivales, y el público de las salas lloraba desamparado.

Pero entonces pasó una cosa muy mala, y la desgracia se extendió por el reino y también por los reinos lejanos y menos lejanos y desapareció el cash y como casi todos los grupos y sus agentes estaban muy maleados y eran adictos al cash, pensaron y pensaron en cómo conseguirían el cash necesario para pasar una apacible vejez. No había de qué preocuparse, porque estaban los festivales y los discos. Pero lo de sacar discos  no funcionaba ahora, porque una ola de misticismo había asolado el reino y la gente ya no tenía apego a las cosas materiales, sobre todo si eran soportes físicos de música. Y muchos festivales se secaron aquel mismo y remoto verano y se convirtieron en simples polideportivos pedregosos.

Entonces poco a poco los grupos tuvieron que volver a las salas, que eran menos que antes y peores. Los jóvenes siguieron a los grupos de mayores, que aparcaron sus irreconciliables diferencias para reunirse, o se dieron a la carretera como en sus años mozos, porque como todos sabían en aquellos reinos, el cash también es la droga del amor.  Y afortunadamente los súbditos del reino ya podían pagar sus entradas para verlos: los más jóvenes porque dejaron de comprar ropa, y los otros porque eran tan mayores como los grupos y no soportaban tan bien las drogas como antes, excepto el cash.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Moraleja:

Dinosaur Jr. – 10 de febrero

Yo La Tengo – 13 de marzo

Sonic Youth – 19 de abril

Tindersticks

Stuart A. Staples

Entonces podía pasar días y días dando la vuelta una y otra vez a la misma cinta, sin agotarme, creyendo comprender sólo porque adivinaba alguna frase suelta entre el ceceo de Stuart Staples. Aún era adolescente y las historias de parejas rotas que compartían habitaciones alquiladas en las afueras de ciudades del norte (el norte sólo era un lugar genérico donde llueve y hay fábricas) me parecían tan exóticas como las películas de piratas.

(Tú ya los habías visto en la gira del 93)

Entonces también quería ser crítico de música. No podía ser crítica porque la crítica es el objeto que produce el crítico, no el sujeto que critica. Tenía un cuaderno donde apuntaba impresiones arbitrarias, ficticias y absolutamente personales, al estilo de la crítica subjetiva e impresionista que se estilaba en los fanzines de la época.

Pero despareció algo y dejé de grabar cintas y jugar al crítico juvenil. A pesar de todo logré hacerme con su discografía completa.

(También un par de años después)

Hace más de 15 años de todo esto y no sabría decir si ayer hubiera sido mejor no ir a verlos por primera vez y seguir imaginándolos borrachos en clubes recubiertos de terciopelo rojo y viajes transoceánicos como cada vez que escuchaba Ballad of Tindersticks.

Ankle injuries

Takeshis, efectivamente, es un ejercicio de egocentrismo puro en el sentido más literal del término. Pero para ejercitar la vanidad ya hay otros métodos mucho menos crueles con uno mismo, sin necesidad de lacerarse, morir y resucitar durante dos horas.

Fujiya Miyagi

Fujiya & Miyagi son muy educados. Aunque venían poco programados y en modo krautrock, al final se fueron dando las gracias como si les hubiéramos invitado al té.

La soledad sí era esto. Atención. Que nadie lea las hojas promocionales. Que nadie busque víctimas ni grandes tragedias. Que nadie espere. En esta película sólo hay mirar, o más bien asistir.

Marissa NadlerMarissa Nadler. A veces me siento mayor para la música en directo. Me ocurre cuando alguien me quita el sitio de la primera fila a codazos, cuando dede la segunda tengo que asistir a una comedia de flirteos y separaciones en directo, o cuando me timan con las condiciones de la entrada en la misma taquilla y pido el libro de reclamaciones. Me siento mayor cuando no disfruto lo que tenía pensado y le echo la culpa al timador de las
entradas,a la falta de ventilación de la sala y a tanta languidez en el escenario que, con más
de treinta grados centígrados, no puede traer nada bueno.

Nocilla Dream. Ana Obregón decía en un anuncio hace ya muchos años que “para comprar azulejos no hace falta ir tan lejos”.

De oído

  1. Esperaba algo más de jota que simple ingenio meridional.
  2. Neohippies vestidos de neofolkies haciendo neopsicodelia neoprogresiva,
  3. los uso para trabajar. Sí, son buenos.
  4. Pop barroco de calidad y en español. Existe.

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20 años

Cara A

PrimalScreamVelocityGirlTheMightyLemonDropsHappyHeadTheSoupDragonsPleasantlySurprised
TheWolfhounds
FeelingSoStrangeAgainTheBodinesThereseMightyMightyLawStumpBuffalo
Bogshed
RunToTheTempleAWitnessSharpenedSticksThePastelsBreakingLines
AgeofChance
FromNowOnThisWillBeYourGod

C-86 fue un obsequio de la revista NME, continuación tardía de la recopilación C-81. C es inicial de casette. 86 son las últimas cifras de 1986. Los grupos listados en C-86 compartían los mismos métodos de producción y distribución DIY que el post-punk y musicalmente estaban cerca de la new wave menos experimental, con instrumentos baratos y peor oído.
A pesar de todo eran algo distinto.

c86

Cara B

TheShopAssistantsIt’sUpToYouCloseLobstersFirestationTowersMiaowSportMostRoyalHalfManHalf BiscuitIHateNerysHughes(FromTheHeart)TheServantsTransparentTheMackenziesBigJim(There’snopubsinHeaven)
bIGfLAMENewWay(QuickWashAndBrushUpWithLiberationTheologyFuzzboxConsoleMeMcCarthyCelestial CityTheShrubsBullfighter’sBonesTheWeddingPresentThisBoyCanWait

C-86 nació con la intención, por parte de NME, de crear una escena musical y de que algunos de los grupos incluidos llegaran a los cauces mayoritarios de distribución. Sólo ocurrió varios años más tarde, y no con los grupos previstos.
Sus canciones no fueron precusoras del twee, ni del anorak pop. Entre sus temas preferidos destacaba la política más que las historietas chico conoce chica con final torcido a las que se entregarían los verdaderos twee en sitios como Sarah Records.
Si es cierto que ayudaron a crear la escena.

En 1986 había seis cintas de cassette en casa: jotas, María Dolores Pradera, versiones instrumentales de Simon y Garfunkel y el sensual saxo de Fausto Papetti. No podía coger discos de ningún hermano mayor. A todo esto.

Algunas canciones, I

Tengo mucha tendencia a la idolatría integral y de por vida en lo que se refiere a la música, pero no es este caso. Aunque es una de mis canciones favoritas.

Take me out tonight/Where there’s music and there’s people/And they’re young and alive/Driving in your car/I never never want to go home/Because I haven’t got one/Anymore/Take me out tonight/Because I want to see people and I/Want to see life/Driving in your car/Oh, please don’t drop me home/Because it’s not my home, it’s their/Home, and I’m welcome no more//And if a double-decker bus/Crashes into us/To die by your side/Is such a heavenly way to die/And if a ten-ton truck/Kills the both of us/To die by your side/Well, the pleasure – the privilege is mine//Take me out tonight/Take me anywhere, I don’t care/I don’t care, I don’t care/And in the darkened underpass/I thought Oh God, my chance has come at last/(But then a strange fear gripped me and I/Just couldn’t ask)/Take me out tonight/Oh, take me anywhere, I don’t care/I don’t care, I don’t care/Driving in your car/I never never want to go home/Because I haven’t got one, da …/Oh, I haven’t got one//And if a double-decker bus(…)//Oh, There Is A Light And It Never Goes Out/There Is A Light And It Never Goes Out/There Is A Light And It Never Goes Out/There Is A Light And It Never Goes Out…

 

Me gusta escucharla mientras conduzco de noche. Es una sencilla canción pop aparentemente inofensiva y fácil de tararear. A veces la he cantado mientras las luces de los almacenes y las fábricas hieren el arcén, o entre la niebla casi sólida que sale del río. Otras (las menos) me he atrevido a cantársela a alguien que conducía.
Siempre procurando que no me entendiera. O que siguiera pensando que es una sencilla canción pop fácil de tararear y que se parece mucho a las de Mikel Erentxun.