Mid-life crisis, 45

Snapchat. No sabes cómo funciona. No sabes si tus amigos lo usan. En realidad no sabes bien qué es. Te da absolutamente igual. 

De buscar

La incomodidad es productiva.

Ha de ser el punto exacto, como el frío. Ni tanto que nos paralice ni tan escaso que nos duerma.

Pero una ligera desazón a la que no podamos poner nombre entre tanta comodidad de edredón de pluma y sofá viscoelástico nos echa a la calle sin saber muy bien qué es lo que tenemos que encontrar.

Y que no llegue el día en que sepamos exactamente qué buscar. Ni tengamos nombre para todo. Un nombre cómodo como un relleno de plumas de pato.

Mid-life crisis, 44

El Independance ya no te hace spam. Hace años que no sales en las fotos del 8 y medio. Te preguntas por qué han dejado de hacer conciertos en el Nasti. 

Mid-life crisis, 42

Está claro que la persona que pasaba  mañanas enteras en la cafetería de la universidad compartiendo trucos para no planchar y la que no sale de casa con una simple camiseta sin pasar por chapa y pintura no son la misma. 

Mid-life crisis, 41

La dependienta insiste. «El retinol es lo más potente contra las arrugas». Tú sonríes educadamente. «Gracias, pero solo me interesa la acción despigmentante de la vitamina C. Elige lugar y padrinos. Yo escojo armas y hora».

Mid-life crisis, 40

Nunca bajes la guardia. La capacidad de tus padres para avergonzarte delante de desconocidos no decrece con la edad. 

Mid-life crisis, 39

La enfermedad avanza muy lentamente. Aún no tienes canas y el único ser vivo al que has cuidado y alimentado este año es una levadura. 

Mid-life crisis, 38

Has dejado de beber alcohol. El 75% de tus amigos también. El 25% restante son alcohólicos, críticos gastronómicos o vascos. 

Mid-life crisis, 37

En tu armario cada vez hay más prendas con la etiqueta de limpieza en seco. Y tú haces caso y las llevas a la tintorería.